3.20.2007

homenaje a Tintancito


















A mis 5-6 años mi abuelita tenía la cantidad asombrosa de 42 canarios en la casa, era horrible intentar ir a lavar algo al lavadero, quedabas sordo por unas fracciones de segundo de tanto chifladero. La causa de tanto canario era una pareja un poco primaveros por siempre, jajaja, a cada rato ponian huevitos, era el chiquitín (un canario color amarillo con café) y la blanquina (blanca con negro), y sus hijos salían casi de todos los colores, hasta había uno de color como anaranjado, después de 4 camadas algo raro pasó, la blanquina tiró uno de los huevos fuera del nido, mi abuelita lo volvió a poner dentro, yo le dije que no lo hubiera puesto, que en mi libro de animales decía que si lo aventaban era porque algo estaba mal y que nunca iban a cuidar del pajarito, pero mi abuelita dijo que ni cuenta se iban a dar.... pasaron los días y un viernes que regresaba de la escuela fui a asomarme a ver si ya habían nacido, y así era, muchos pajaritos sin plumas, ciegos y enclenques, siempre me daban risa y me les quedaba viendo e imitándolos. De pronto vi que en el trastecito de su comido había otro pajarito, y fui corriendo a decirle a mi abuelita. Lo sacamos y no lo volvimos a poner en el nido.
Recuerdo revisar libros de animales, de gestación de aves, y haber llamado al veterinario para consultar qué podíamos hacer, me dijo que lo alimentara con pan y leche y un palillo y que piara para que abriera su boca, y así lo hice, por mucho tiempo... Lo llamé Tin tan, comía junto a él, lo dormía en unos silloncitos de madera (como el de la foto que yo tomé con mi primer cámara, notese el pésimo enfoque). Lo dejaba suelto dentro de la casa, y cuando se acercaba la hora de que yo llegaba de la escuela, Tin tan se acercaba a la puerta y en cuanto la abría volaba hacia mi hombro o mis manos... Jugaba con él a los carritos, a los caballos y los apaches, hacía la tarea junto a él y lo llevaba a pasear, no se separaba de mi, con trabajos me dejaba ir al baño.
Pero las cosas no terminaron bien, mi mamá, mi papá y yo salimos de vacaciones, mi abuelita se quedó en casa y a los 2 días decidió meter a Tin tan en una de las jaulas. Un día olvidó cerrar bien la puerta, y era el momento en donde yo llegaría de la escuela. Tintancito me esperó en la puerta, pero no llegué yo sino un gato y ahí se terminó su historia.
Lloré por mucho tiempo, y estuve enojada con todos porque de no haberme ido de vacaciones eso no hubiera ocurrido. Pero bueno, ya han pasado muchos años, le pongo su ofrenda en el día de muertos y muchas veces sueño con Tintancito.

8 comments:

Ale Morando said...

que ternura de ave! eras su mamá y él tu compañerito, qué lastima que terminó mal :( pero bueno así pasa a veces con las mascotas

uno de estos días publico una historia con mi perrita wendy la quise mucho y aun la extraño

saluditos

el_x said...

Caray, si tener mascota es toda una hazaña, cuantimas debe serlo tener un ave pequeña que te reconoce como lo más importante de su vida. Y he visto muchos canarios, todos enjaulados...
Vivío muy feliz Tintancito.

Pues va, vallamos a la cineteca.
xcanja2@hotmail.com

Veamos la cartelera y pongamonos de acuerdo.

Cuidate mucho.

Manolo said...

Desde que me acuerdo mi abuela también tiene muchos canarios, no tantos como la tuya, pero si unos 4 o 5, y de chico, cuando iba a su casa me tocaba cambiarles el agua, el periódico del piso, las vainas y el alpiste; siempre que metía la mano a la jaula para hacer esto esperaba que se subiera a mi mano y se fuera conmigo, mi idea era mas como de perico de pirata, pero ni modo, eso nunca pasó.

the lines on my face said...

Gracias por sus comentarios, tintancito se los agradece también.... Yo ando en plena mudanza y en el calorcito de cuernavaca, así que posiblemente por unos días me ausente de blogilandia... lo de la cineteca yo te mando mail x.
Abrazos
:)

Megara said...

Sii que tierna historia. Yo tambien tenia canarios. Y un pollito de mercado de dos pesos que raramente crecio y se convirtió en gallo. Un día no me despertó en la mañana. Pregunté a mi mamá que dónde estaba. Me dijo que había encontrado a una gallina y se había ido. Yo estaba bien contenta. Apenas, hace unos 2 años, me enteré que en realidad se lo había comido un gato :(. No puedo creer que toda la vida pensé que en verdad se había ido con una gallina, creo que lo sigo creyendo...

Chester Cuadra said...

ja que padre que un pajarito te pele asi, yo no podria me dan cosa sus patitas.

Angawen said...

Que lindo!!! Yo siempre pense que los pajaros eran menos sentimentales y que no se podia convivir mucho con ellos.
Que bueno que tienes un recuerdo tan bonito de tu tintan

Vilknk said...

Descanse en paz... :)